miércoles, 11 de junio de 2008

Artículo para Anuario (2)

Jesús, por medio del Grupo de Oración, hace que el sentido de la vida cambie. Muchas veces nuestra vida está guiada por derroteros erróneos y confusos. Una vez que por nuestro corazón se atraviesa la Verdad, damos cuenta de que el verdadero sentido de nuestra vida tiene que ser Jesús, es una tarea nada fácil pero de constante esfuerzo.

Así, alimentamos nuestras almas para poder servir a Dios en cada momento. ¿Cómo dar de lo que no se tiene? Nuestra pretensión como cristianos es servir a Dios por medio del servicio a los demás y así utilizar nuestra Humildad para crecer como personas. Pero si no buscamos continuamente en Él la Fuente de Vida, nuestro trabajo no sería más que un absurdo activismo.


A veces parece que lo que hacemos solo nos sirve para un momento y solo a nosotros, pero después de cada reunión nos damos cuenta de que esas ideas y oraciones se van complementando en acciones. Por eso lo importante es hacer de la experiencia mística una experiencia viva, para que así el mensaje del Señor se complete. Porque su mensaje y nuestro alimento está hecho de Amor. Ya lo dijo Juan, «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él». Y quien permanece en Dios, ama a sus hermanos, porque Dios está en cada uno de ellos y porque en cada uno de ellos puede reconocer su humanidad. Por eso este Amor expresa el sentido más general de la existencia del hombre, y por eso es inabarcable para nuestro entendimiento. Lo que nos resta, entonces, es sentirlo, acercarnos desde nuestra pequeñez y abrir nuestro corazón y dejar que Él lo llene y lo guíe. Y de esta manera, nos haga renacer continuamente en Hijos de Dios.

Y sin duda, el más grande ejemplo de docilidad frente a Dios, el más cercano y el más tierno, es María, nuestra madre, una madre que nos cobija, nos lleva a Jesús y nos ayuda a vivir una vida en excelencia. Es una madre que nos llena de confianza para seguir en el camino de la Verdad, haciéndolo con un gusto especial, no como obligación sino mas bien como responsabilidad.

En nuestras reuniones, para concluir, hacemos una oración dedicada a Ella. En ese momento todo vuelve a comenzar, salimos a la misma realidad de siempre, pero con el constante apoyo de una verdadera Madre y de un Verdadero Padre.

Darle gracias a Nuestro Padre Celestial por la vida que nos da por cada latido que tenemos por cada segundo de vida, es algo que todos debemos hacer.

Carlos Almeida (3º E)
Esteban Crespo (6º A)
Julio Sánchez (6º B)

Integrantes del Grupo de Oración "Volver a Nacer", Colegio San Gabriel.

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